Indignado

Lamentable me parece que tengan que ocurrir casos tan dramáticos como los vividos en Barakaldo o Granada para que nuestros dirigentes se den cuenta de que algo no funciona en el actual proceder de los desahucios.

Desde el año 2007 hasta junio de 2012 se han producido 396.651ejecuciones hipotecarias, y la cifra va preocupantemente en aumento. Quizás la culpa la tuviesen los ciudadanos por comprar una vivienda cuando realmente ésta no estaba a su alcance, o de los bancos y péritos por conceder dichas operaciones de préstamo a un valor superior 100% de la tasación cuando ahora dicho valor resulta que dista mucho del calculado años atrás… o quizá la culpa sea de los póliticos por ser espectadores impasibles del pánorama que vivimos. En cualquier caso, parece lógico que al menos parte se tuviera que responsabilizar a los mangantes, quiero decir, magnates de los bancos que concedieron préstamos a diestro y siniestro como si no hubiera mañana, porque si una empresa privada realiza una estrategia que no acaba funcionando y si además es gestionada de manera pésima, es muy probable que entre en suspensión de pagos y se pidan responsabilidades a sus administradores… pero claro, dejar caer un banco o una caja de ahorros resulta imposible de pensar, ¿o quizás no tanto?

Cierto que la solución es díficil y requiere un estudio minucioso de cada caso particular de impago, pues si se aprueba la dación en pago de forma universal podría suceder que muchos no estuvieran dispuestos a hacer frente una deuda por un bien cuyo valor sea inferior a la deuda viva que se tiene vigente. Pero no por ello se debe permitir que miles de familias con escasos recursos se queden deshauciadas por no poder pagar algo tan básico como una vivienda.

Buscar culpables no nos aportará nada, pues sabemos que los verdaderos culpables se irán siempre de rositas, porque quien dijo que la banca (y los de alrededor) siempre gana no se equivocaba.

Atrás quedaron los tiempos que nos querían hacer creer que pagar por un alquiler era tirar el dinero. Ya no es tiempo de lamentaciones. Es hora de buscar soluciones.

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